Las promesas de los políticos

 

 

 

PorSergio Forcadell: Sergio Forcadell

Las promesas políticas son flores a futuro, lindas, abundantes y perfumadas, que como las de la naturaleza raras veces perduran poco más allá de ser cortadas y colocadas en el florero, es decir, de cuando se enuncian en las campañas, desde una tribuna llena de pancartas y ante una muchedumbre animada de escuchar una arenga de su líder de esas en que se grita hasta quedar medio roncos, se levantan los brazos una y mil veces, se aplaude sin saber muy bien por qué y se suda a pañuelo blanco bajo un sol de justicia.

Esto lo saben muy bien los políticos y lo sabemos también de alguna manera los ¨ politizados ¨, es decir, los que vamos echar las papeletas en las urnas cada cuatro años. Las promesas son, posiblemente junto con el aire, pues el agua ya está envasada y alcanza buenos precios en el mercado, la materia prima más  barata que existe en el universo. No cuesta nada formularlas, y a su vez se convierten en un gran valor cuando pasan a ser un producto vendible, porque los que las elaboran tienen poco que perder y a cambio, mucho que ganar.

El ser humano siempre necesita creer en algo aunque en el fondo o en la superficie sepa muy bien que no se va a cumplir. Es el clavo ardiendo al que se agarran los desesperados. Por eso es que los candidatos las pregonan al por mayor y al detalle, grandes o pequeñas, cortas o largas. ¿Qué quiere esta comunidad tan triste y aburrida? ¿Un estadio deportivo? Pues le construiremos, cuando ganemos, porque todos van a salir victoriosos aunque no les vote ni su mujer, no uno, sino dos o tres canchas mejor y más grande que el Madison Square Garden de Nueva York, ya que las promesas al ser tan asequibles, son ampliamente generosas.

¿Qué necesita este pueblo tan seco y olvidado? ¿Un acueducto? Pues le haremos uno con varias versiones, un conducto para agua mineral, otra tubería para agua con sabor a fresas y dependiendo si entre los habitantes hay muchos niños, hasta un  caño para refrescos de cola. ¿Qué le hacen falta a estos campos erosionados y baldíos? ¿Un canal de riego? Pues, faltaría más, le construiremos uno más grande que el de Panamá, con exclusas gigantes, y por el que podrán pasar barcos petroleros y todo lo que deseen.

Total, ya se sabe, lo dice muy claro el sabio dicho popular dominicano, una cosa es con violín cuando se está abajo y otra es con guitarra cuando se está arriba. Después cuando el candidato gana y se convierte en mandatario ¿quién es guapo que se acuerda de todo lo prometido a lo largo y ancho de la nación? se necesitarían más de cien años y todos lo millones del mundo para cumplirlo.

Por eso creemos que a los políticos se les estira la lengua aún más larga que la nariz de Pinocho en los discursos electorales cuando hablan de educación, de obras viales, de sanidad, de infraestructuras, de viviendas, de carreteras, de caminos vecinales, de agricultura, de salarios… de esto, de aquello, de lo otro y de lo de más allá, y por ende deberían refrenar ese importante órgano bucal. Y también creemos que los votantes deberíamos comprar una libreta e ir apuntando una por una todas esas maravillas a futuro, porque el olvido colectivo es una de las mejores armas con que cuentan para poderlas repetir en cada búsqueda de votos.

 

 

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