¡Ojo al Cristo!, que hasta la belleza cansa

Siempre se ha dicho, que en Dominicana, se acostumbra a poner candados después que los robos se producen. Los referentes están de sobra en ese sentido. Parece ser que, es lo que se está esperando se produzca, una desgracia entre conductores aburridos y desesperados, acosados por las necesidades y los problemas económicos, a pesar del tan connotado crecimiento que tanto se cacarea en ese orden, que no se refleja en un alto porcentaje de la sociedad nacional, y los envalentonados agentes de la AMET, destacados en la intersección de las avenidas John F. Kennedy y Abraham Lincoln, mal dirigiendo antojadizamente el tránsito vehicular debajo de los semáforos allí instalados. ¿Por qué no dejan esa “vaina”, y actúan de forma más apropiada?

Todas las personas que por obligación tienen que atravesar esas esquinas durante las llamadas “horas pico”, saben de los taponamientos que se verifican en las mismas, a raíz de las situaciones caóticas a que inducen los agentes de la AMET, que lucen no entender los reclamos de la población para que dejen funcionar los semáforos, y se aparten hacia los lados, hasta tanto se presenten situaciones que en realidad ameriten su presencia; o, es que la línea bajada es tan fuerte, para que procedan de esa manera, en pos de que se aumente el consumo de combustibles por parte de los vehículos allí varados, y mayores recaudaciones fiscales inherentes se generen a partir de los mismos, que no pueden cambiar esa actitud tan criticable.

Ese proceder adrede, es lo que más concibe la gente, ante aquella tozudez tan marcada; que se gaste el poco de hidrocarburos que se puede comprar, por la recarga impositiva que se les aplica. Otra no se entiende. Es lo que más importa. Ni siquiera toma nadie en consideración las posibles afecciones de salud en personas de edad allí detenidas, o las urgentes necesidades fisiológicas que súbitamente se presenten. ¡Qué se explote, el que no pueda aguantar!

Esa es una situación desesperante, que en cualquier momento puede explotar, y provocar sucesos lamentables, cuando entonces después se procederá a instruir a esos agentes sobre el modo debido en que deben operar, o reprogramar los semáforos para que distribuyan mejor los accesos de vehículos, su recorrido por el lugar, de forma más equitativa, evitándose así con ambas medidas, la irritabilidad en los conductores. Sería entonces, ¡el poner candados después del robo!, tal se estila

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