Donna Taty, Endulzando con amor café, chocolate y te

Por: Paula Paul

Una de las primeras caras que los moradores del pueblo de Villa Altagracia ven antes de dirigirse a sus respectivos trabajos, y otros quehaceres, es la de Altagracia Adames, conocida cariñosamente como Doña Taty. No es para menos, los 43 años vendiendo té, café y chocolate en las afueras de la carretera Duarte, la han convertido en parte del entorno del lugar.

Ella se ha dado a conocer en su pueblo no solo por los tantos años que tiene desempeñando su trabajo, sino por la dulcera con el que lo hace.

Ella ya conoce el gusto de cada uno de sus clientes. Sabe qué cantidad de azúcar prefiere cada uno; a muchos, les tiene una taza asignada, ya que dicen que no les gusta beber en vasos plásticos; mientras que a  otros hasta una cariñito de más les da cuando les lleva sus pedidos a sus vehículos para que no tengan que desmontarse.

Una de las bebidas que más vende Taty es el té, que está hecho de jengibre, malagueta y clavo dulce. Según dijo uno de sus clientes este “rompe todos los embrujos”.

Todas las personas que desde las 5:00 de la mañana  salen de sus hogares a realizar alguna tarea, hombres, mujeres e incluso los estudiantes de las escuelas que quedan alrededor hacen una paradita “técnica” para recibir el “calientico” que les brinda un té o café preparado por las manos de Doña Taty. El buen trato hacia sus clientes ha sido el secreto de su permanencia en el puesto y de que no les falten. Para tener las bebidas calientes a tiempo tiene que empezar la faena el día anterior. Ella prepara el té por las noches, y a eso de las 10:00 p.m ya lo tiene listo para al día siguiente solo tener que calentarlo.

Su labor del día  inicia a las 4: 00 de la mañana. Por eso, cuando la mayoría de las personas están acurrucadas en sus camas, ella está de pie para salir a buscar el pan de cada día. A las 5:00 de la mañana Doña Taty ya se encuentra en su puesto de trabajo.

Con su ropa de trabajo, que es un delantal negro, la sonrisa que le caracteriza y con la paz que refleja su negro rostro, Taty empieza a vender dulzura.

Una mesa, dos olla, un anafe, un termo con café y una olla de chocolate son los utensilios que día por día utiliza para salir adelante. Con este trabajo logró criar a su hijo, y más allá de eso, a sus tres nietos: David, Eliazar y Ana, que  aunque no viven con ella pasan todas las mañanas a buscar el pasaje para dirigirse a la universidad.

“No tengo muchas cosas materiales, pero prefiero tenerlos a ellos en mi vida y no una casa propia”, afirma Altagracia Adames.

Sin lugar a dudas, Doña Taty, es una de las muchas historias de mujeres luchadoras que existen en nuestro país. Ella no solo vende café, chocolate y té. Con mucho amor le alegra el comienzo del día a cada uno de los transeúntes de la avenida Duarte.

Sus clientes consideran que el trato tan afable que ella les brinda no vale los 10 pesos que cuesta un té.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *