!” ¿Quiénes pagarán esos Bonos Soberanos mañana?

Por: Rolando Fernandez

Así sí que es bueno, continuar hipotecando la soberanía de la nación, con el endeudamiento externo alegre, in crescendo cada vez más, que se verifica en Dominicana, sin saberse quiénes tendrán en el futuro que honrar los compromisos asumidos en estos tiempos; o, si habrá que entregar parte de país como dación en pago, ante cualquier situación de insolvencia que se pueda presentar.

Es obvio que, cuando asome la obligatoriedad concerniente, de seguro los “contratantes” actuales ya no estarán presentes para dar la cara, poner el frente a tan delicada problemática. Se encontrarán esos “magnates” fuera de contexto, y disfrutando de sus riquezas acumuladas.

Ahora volvemos a buscar cuartos frescos en el exterior, en base a un nuevo empréstito con acreedores distintos, bajo el disfraz, para los poco conocedores de esa otra forma para coger dinero prestado:   emisión de Bonos con la característica de soberanos.

Según el flamante ministro de Hacienda, el Gobierno dominicano acaba de colocar la friolera de US$500 millones en instrumentos financieros de ese tipo, nada más que para acabar de costear la terminación de la termoeléctrica Punta Catalina, que continua construyendo en esta República la mafiosa empresa brasileña, confesa, Odebrecht, generadora del mayor escándalo de corrupción (sobornos y sobrevaluaciones) en lo que va del presente siglo, no solo aquí, sino a nivel internacional, y que está siendo procesada a nivel de varios tribunales de justicia, sin exceptuarnos a nosotros claro está. Pero, aquí todo continua igual que antes; sus ejecutorias prosiguen, porque, “es pa´ lante que vamos”. “¡Este es un país muy especial” !, en que solo las cosas malas son emuladas.

Esa obra “insigne” de la presente gestión gubernamental, cuestionada en gran medida, por los connotados sobornos realizados, y la sobrevaluación aplicada, según las informaciones que han trascendido, no se puede detener, pase lo  que pase; hay que terminarla a como dé lugar; buscar  los cuartos que sean necesarios, sin importar la inconformidad social manifestada, casi general, por cuánto subyace en su obligada construcción, posterior manejo y mantenimiento, que de seguro irán a parar esos últimos al sector privado, por la incapacidad estatal que se advierte desde ya, para llevarlos a cabo después.

Ese gran negocio hay que “finiquitarlo”, para provecho de los políticos y empresarios privados envueltos, amén de reciprocar con Odebrecht, por la financiación de campañas electorales dominicanas, según lo que ha trascendido. Que, a este país endeudado hasta la coronilla, se lo acabe de llevar el diablo después, eso poco importa.

Esa retórica estatal, para condicionamiento mental más bien, de que, terminada la obra, los dominicanos podrán disfrutar de energía eléctrica (luz) las 24 horas del día, a tarifas más bajas, ni los mismos promotores, incluidas las bocinas pagadas que prestan su concurso, la creen.

El sistema eléctrico nacional no fue diseñado para eso, tras el robo de la llamada capitalización; sí para que siempre los dueños del gran negocio (maridaje político-empresarial) se beneficiaran ampliamente, a costa de los obligados usuarios, de un servicio que se reporta imprescindible para todos.

Además, quién ha dicho que vayan a desparecer, a partir de que Planta Catalina entre en operación, los establecimientos comerciales dedicados a la venta de plantas eléctricas, inversores, y baterías para los mismos. Eso es parte innegable del pastel eléctrico conformado localmente.

Mientras la gente de esta República bananera continúe creyendo en todos estos políticos embaucadores y ladrones, jamás se podrá salir a camino. Su futuro se torna cada vez más incierto, por lo endeudada e hipotecada que se encuentra, con la intención de continuar haciéndolo. Este es un país donde, lamentablemente, cursada una década más, muy difícil se pueda vivir en él. No se tiene que ser gran predictor para aseverarlo.

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