El Sol no tiene toda la culpa

Por: Sergio Forcadell

Parece que a falta de temas de conversación una vez agotadas las lenguas ciudadanas de tanto comentar los escándalos de Oderbrecht, de los encarcelados y los liberados, y otras muchas noticias sabrosas que los últimos meses nos han deparado, la gente se ha quedado sin chismes para comentar y la ha emprendido contra el calor que estos días hace por el patio.  

Cuando uno no sabe qué decir, o quiere entablar conversación con alguien que conoce o desconoce, comienza con un ¡ay, santísimo, que calor tan asfixiante! o ¡qué calores estos, va a temblar la tierra! o ¡Nos estamos quemando vivos!. Y también son los comentarios más frecuentes que oímos en la casa, en la oficina, en la calle o en las tiendas.

Estamos a finales de un caliente mes de julio y a las puertas de del tremendo agosto dominicano, que es lo más próximo a la antesala del infierno. Pero ¿qué otra cosa podemos esperar? ¿Qué nos caiga una nevada de esas de pico y pala que tapan Nueva York o Boston?  ¿Qué Siberia nos envíe uno de sus vientecitos helados que hasta los osos de por allí cogen una gripe del diablo?  La verdad es que somos unos gandíos, nunca no nos conformamos con lo que tenemos y siempre queremos más. 

Si ya sabemos que es verano como todos los años. Si ya lo vamos a sufrir como cada año, y si ya lo sudaremos copiosamente y lo sobreviviremos como los años pasados,entonces ¿por qué quejarse tanto del calor si vivimos en un país tropical situado en la mismísima órbita del sol, como decía nuestro Pedro Mir? Ademas, protestar no sirve de nada, el astro rey es sordo a cualquier reclamo humano y cumple con su trabajo diario, enviándonos sin parar enormes chorros de fuego para facilitar el desarrollo de la vida  terrenal –aunque a veces se extralimita, hay que reconocerlo-, y la tierra hace el suyo también cumpliendo con sus rotaciones, sus traslaciones, las inclinacionessobre sus ejes y esas cosas propias de los que andan de turistas vagando por elespacio infinito.

Ahora, quienes no cumplimos con nuestras obligaciones ecológicas de mantener un planeta  sostenible, como ahora está tan de moda decir, somos la inmensa mayoría de sus habitantes. Si, lector nosotros también, usted, usted, también usted, y por supuesto yo no puedo faltar. No tenemos aún suficiente conciencia de las emisiones de las emisiones del CO2 de los automóviles que los usamos -tantas veces sin necesidad-  de los calentadores, de las máquinas, del uso y abuso de las fábricas que solo piensan en las ganancias y no en los humos y residuos contaminantes, y un millón  de agresiones más al pobre medio ambiente que, de seguir así, pronto en lugar de ser medio, será ningún ambiente..

Y claro, el planeta se va enfadando con mucha razón, y como decimos en dominicano, se esta calentando con nosotros sus habitantes. Por eso, las temperaturas van subiendo como los precios, sin parar, En la ciudad andaluza de Córdoba hace apenas unas semanas se ha registrado la temperatura, record histórico de 47.6 ` grados. Nunca había sido tan alta. Los huevos se freían literalmente sobre el pavimento sin necesidad de echarles aceite. Ni pensar cómo deben estar ahora por el desierto de Sahara.

Así que si hace mucho calor, aguantemos como buenos caribeños y no le echemos toda la culpa al sol, carguemos también con el macuto que nos corresponde o por ignorantes o por inconscientes. Además, tenemos  las frías, los cubalibres, el ron con hielito, las piñas coladas… y unas deliciosas playas, ríos y montañas para combatirlo. ¿Qué más queremos? Lo dicho, somos unos gandíos.

 

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