¡La altanería lo daña todo!

Por: Rolando Fernandez

Cuántas personas, en pleno ejercicio exitoso de diferentes disciplinas profesionales, se han derrumbado por completo, debido a estar de altaneras y prepotentes; poniendo siempre en evidencia el signo que delata por lo regular el complejo de inferioridad latente que les acompaña. De ordinario, presentan la otra cara de la moneda, el sentirse superiores, y más atrevidas que las demás.

El yo soy; lo dije; lo advertí; y, el yo sé, son de las expresiones que más se les escucha pronunciar a los engreídos, cuando tienen la oportunidad de poder dirigirse a cualquier grupo o conglomerado interlocutor, como, por ejemplo, son los casos de algunos comunicadores, periodistas, políticos, etc., que se gasta este país.

Normalmente, se consideran los más duchos en la actividad que sea; guapos, brabucones, y osados hasta más no poder, es como intentan venderse ante la sociedad. Se comportan de manera desafiante ante cualquier situación conflictiva sobre la que expongan, o traten; y, difícilmente dan su brazo a torcer, aunque se sientan estar perdidos en su interior.

¡Qué equivocados se reportan!, pues solo cuentan con los recursos que creen tener, y olvidan aquellos que puedan poseer los demás, pero que, como inteligentes al fin, de nada alardean; que se limitan a oír, como a observar los gestos corporales que se exhiben con desenfado, y dicen para sí, ¿qué se creerá éste, o ésta?

Esos encopetados, hombres o, mujer, que así se comportan en cualquier escenario, principalmente frente a micrófonos radiales, o cámaras de televisión, deben revisarse, para que actúen como profesionales en sus respectivas áreas, más que como figuras arrogantes, ya que, de lo contrario, con el tiempo se van a ir convirtiendo en seres indeseables, por querer aparentar, como creerse los más “sabiondos”, y comportarse a veces de forma   prepotente, y hasta soez en ocasiones. ¡Hieren, y ultrajan a cualquiera sin reparo alguno!

No se detienen a pensar en que, de la misma manera que en principio lograron proyectarse, por las condiciones innegables que reúnen, también se van cayendo del peldaño social hasta el cual pudieron subir, en un hecho lamentable, que se va produciendo paulatinamente, pero que no para de ir cerrando todos los caminos.

¡A veces, hasta de sopetón se produce el desprecio generalizado!   Los dejan caer los seguidores atraídos; y, amén de eso, les conservan en sus mentes como referentes no gratos.

¡A reflexionar entonces! La altivez, el engreimiento, la arrogancia, todo lo dañan; no importa qué tan bueno sea usted en cualesquiera de las áreas señaladas más arriba, u otras del saber.

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