Capitalización política de las desgracias nacionales

Por: Rolando Fernandez

Los mejores escenarios para llevar a cabo sus proselitismos se presentan anualmente a los accionistas de las empresas denominadas partidos políticos, tras el paso de los fenómenos naturales que azotan a la nación durante la época señalada como ciclónica, y que provocan serios desastres, o desgracias de consideración por doquier.

En ese orden, construyen esos turpenes su agosto electorero, visitando las áreas afectadas, y ofreciendo ayudas que, en la mayoría de los casos se allantan más que otra cosa, pues en realidad muy pocos de los aportes solidarios son los que llegan hasta su destino final.

Ahora, lo que sí siempre se hace es, darle mucha prensa, y “cascarear” bastante, los actos en que se suministran hojas de zinc, clavos, y chucherías comestibles. También tablas de madera para reparaciones pequeñas, y colchones de mala calidad, que se exhiben en camiones de repartos para maximizar las propagandas alusivas.

Claro, se aprovecha además la ocasión, para hacer compras de los efectos que se distribuyen, al por mayor, agenciándose por supuesto jugosas comisiones personales, y favoreciéndose a los grupos empresariales amigos.

Todo eso, entre otras cosas, es parte del aprovechamiento obvio de los políticos, en términos pecuniarios y electorales. No se pierden la oportunidad. Se trata de vender la idea de ayudar a los damnificados; pero, quienes en verdad mayores beneficiarios resultan son los políticos que encabezan los ministerios a que toda ayuda y prevención debe corresponder, y sus “canchanchanes”, por supuesto. ¡Más ricos salen!

El otro ingrediente a destacar, y quizás el de mayor importancia, son los fondos que se procuran para arreglos, reconstrucciones y la realización de nuevas obras en las zonas devastadas, provenientes del Estado, a través de asignaciones presupuestarias, o aportes directos del Gobierno, bajo algún otro mecanismo de lo que dispone. No obstante, la mayoría de los recursos entregados se pierden en el camino. ¡Su uso nunca es objeto de auditoria alguna!

Con un porcentaje de esos dineros, les limpian las caras a determinadas partes incluidas del país, de esas que más se ven. Y, se llevan a cabo realizaciones mínimas para justificar en otras. Pero, las cosas que en verdad se deben hacer para resarcir pérdidas registradas, y enfrentar fenómenos naturales futuros, no se llevan a cabo.

Todo se deja prácticamente igual, para el año próximo, si vuelve otro ciclón, vaguadas o lluvias en exceso, que produzcan inundaciones y daños materiales, hacer la misma novela, que siempre llevará por nombre: “Proselitismo electoral y búsqueda de cuartos”.

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