“De prisa, es urgente”, la revalorización de las mujeres

Por: Rolando Fernandez

Tal como dice aquella hermosa canción, vieja, por cierto, que interpretaba el gran cantante panameño, Basilio, “Te llevare una rosa”, aunque en otra dirección claro, pero que aún se escucha con atención, es necesario el retorno de las mujeres a los paradigmas que antes evidenciaban su verdadera esencia, rotos a partir de la mal asimilada corriente de pensamiento denominada “Liberación Femenina”. Es algo que se hace impostergable ya, por los efectos nocivos derivados.

Es obvio que, las actitudes asumidas hoy por el grueso de las féminas en ese marco, que se puede considerar como un largo ensayo fallido, tienen que ser revisadas, y revertidas muchas de esas, debido a los daños innegables que han provocado a las mismas actuantes incluso, por los comportamientos impropios que se derivan, y que resultan extensivos hasta las sociedades en sentido general.

Como irrefutable se reporta, las mujeres en su mayoría, han perdido el norte que le fuera trazado desde el origen mismo de la humanidad, como el ser más importante dentro de la raza, con roles de deberes, y obligaciones a cargo, que tienen carácter de “insustitución”, e “intransferibilidad”, con respecto a las corrientes de vida diseñadas para el sexo opuesto.

“Hombre y mujer fueron creados”, dicen las Sagradas Escrituras, al alcance de toda mano; y, a cada cual, por consiguiente, le toca lo suyo. Pero, los intentos por cambiar esa prescripción divina han estado a la orden del día, y en ellos está el origen de muchos de los males por los que atraviesa la sociedad mundial desde hace décadas.

Los descalabros degenerativos que le acosan, se la están tragando por completo. No obstante, el despertar femenino, enmendatorio, requerido ya, no se le vislumbra llegar. Por el contrario, las mujeres cada vez más quieren parecerse a los hombres, y hacer lo mismo que los varones; competir siempre con ellos de tú a tú. ¡Es lo que más se aspira! Por consiguiente, así todo continuará yéndose al caos social.

Mientras las mujeres no recapaciten, y traten de asimilar que ellas no son solamente objetos sexuales –  hasta que duren sus encantos físicos, obviamente -, muy pocas son las posibilidades de cambio a nivel de las sociedades en general.

Se están olvidando por completo, que ellas constituyen el componente más importante dentro de la especie humana, vale reiterar, por su rol de co-creadoras con el “Hacedor de Todo”, por un lado; y a la vez, desempeñar su papel como ente de equilibrio emocional dentro de las tribus sanguíneas conformadas.

También, que son las orientadoras espirituales por excelencia, y administradoras además de la crianza hogareña de los vástagos procreados; que todo eso tiene repercusión marcada en la familia mayor: la sociedad a la que pertenezcan.

En ese orden, la doctora Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”, expresa lo siguiente, resumiendo, que vale transcribir aquí, para reflexión sosegada:

“El sacramento del bautismo simboliza la aceptación de la responsabilidad física y espiritual por parte de la familia, del hijo que ha traído al mundo. Y que, los hijos de su lado, aceptan con gratitud a la tribu biológica en que han nacido, a la que deben toda honra y respeto. Al igual que, el estar prestos a perdonarle por cualquier sufrimiento causado durante la infancia”.

 

Por tanto, y en el tenor de lo expuesto con anterioridad, además, la recapacitación en tan amplios sentidos, se hace muy urgente por el lado de las mujeres. Claro, esa cuestionable concepción degenerativa que las lesiona en el presente, es la que ha provocado, entre otras cosas, los daños incontrovertibles de imagen registrados, que se evidencian en los atrevidos exhibicionismos corporales de moda en todos los escenarios públicos, procurando venderse, y hacer vender a través de ellas mismas; que les ha hecho tirar por la borda todos los valores que les deben ser intrínsecos, y en base a los cuales eran preferidas y escogidas para compañeras maritales en el ayer.

Como ya, tantas no tienen aquellas “preciosas perlas” de identificación, que permitían aquilatarles, hay que tratar de buscársela ahora con otras cosas, sin importar la desvalorización tal que se pueda derivar. Enseñar carne, piernas y pechos, cuando no otra área corporal de atracción, para conseguir admiradores, y hacer que otros puedan llamar la atención usándoles, como lo es en el caso de los mercadólogos, y sus trabajos con los productos a ofrecer. Es la línea moderna a seguir: las mujeres son las que venden; pero, jamás las feas y de color, con pelo crespo. “Nunca se verá un anuncio filmado con una de esas últimas”.

En la actualidad, las mujeres con ciertas características físicas llamativas, se dejan utilizar, prácticamente “en paños menores” para promover la venta de artículos diversos, incluyendo vehículos, y hasta bienes inmuebles.  ¡Las han constituido en un ardid mercadológico!

Prestan esas sus cuerpos semidesnudos para completar los anuncios propagandísticos de estilo, procurando los mercadólogos que sea lo primero en llamar la atención, el imán visual; y a su vez, una sutil inducción al sexo degenerado, como es obvio suponer.

Venden a las mujeres que se ofrecen para eso, también como un objeto utilizable, solo para satisfacción animal. Claro, se agregan en adición a esos lindos cuerpos, los ritmos metálicos de moda, el alcohol que aloca, y quizás otras cosas, para completar la película.

La verdad es que, las feministas promotoras del dañoso liberalismo actual, tan mal asimilado, no cabe duda, en vez de seguir con sus aprestos inductores hacia las mujeres con poco cerebro; condenando los llamados feminicidios, por lo regular desconociendo las razones motivantes, y diciendo que el Estado tiene que adoptar medidas para evitarlos; como, culpando al machismo de muchas cosas que se producen en contra de las féminas, lo que deben estar haciendo, y rápido, es tratando de concienciar a las de su género, para que revisen sus comportamientos, al tiempo que se auto-revaloricen como lo que en verdad son, Atributos divinos, con papeles de capital importancia que desempeñar sobre el planeta Tierra.

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