POEMA A LOS 45 AÑOS.

“Serena como un cielo de verano” es el primer verso de la canción “TE QUISE, TE QUIERO TE QUERRE”, que popularizara el afamado cantante y compositor de origen español, el fenecido Manolo Galván, afincado en Argentina. Esta canción es, “Insoportablemente bella”, si, asimismo, como esa misma canción que también popularizara, el conocido interprete de origen mexicano, Emmanuel.

Tu mirada serena, tus manos blancas
tu perfume de rosas como siempre,
tus cabellos tan suaves tu sonrisa
y ese blanco impecable de tus dientes.

Es también, esta cuarteta, la primera estrofa de una de las paginas musicales más hermosas que compositor haya escrito, y popularizada en la voz de su mismo autor, el maestro joven, como muchos le dicen, o el poeta del amor o de los enamorados, José Luis Perales, cantautor, compositor, productor y escritor español.

No tendría porque exagerar, porque si que lo es, ella, “Insoportablemente bella” y también su poema, de su autoria, titulado “POEMA A LOS 45 AÑOS”. Es por ello que, comparo esta bella poesía y también a la autora, Alejandra Menassa de Lucia, con la misma y singular belleza de estas tres bellas canciones, de los intérpretes referidos.

Pero para que sea usted mismo el jurado, aquí está el poema de la Belda, Alejandra Menassa de Lucia.

Me dicen que tengo que dejar de soñar,
pero mis párpados destilan aromas de misterio y el hombre es una mezcla de ternura y ferocidad y no puedo dejar de amar su terquedad de ola.
Me dicen que las flores comienzan a perder su frescura.
Les digo que me riego con agua de los libros, con caricias hermanas, con las voces de otros que son sabios de tanto adentrarse en los caminos que nadie conocía y que ellos iluminan para el valiente que se anime a cruzarlos. Mis pétalos rezuman de su agua. Belleza de los días que se suman con impiedad a mi talle. Recojo el guante. Acepto el reto. Las vías rectas nunca atrajeron mi mirada, y voy por los senderos dónde el hombre se desprende del saber establecido, de la cárcel de certidumbres repetidas por autómatas que niegan su atroz humanidad. Su diferencia.
El sol de la experiencia ha comenzado a entibiar mis cabellos, luz de una primavera declinando en otoños florecidos de cobres y dorados y aquella niña reducida a un espacio intrascendente se resiste con uñas y dientes a abandonar mi alma.
Déjala que sueñe mariposas y acompañe los pasos de la mujer que escucha.
Yo cada vez sé menos, pero son más los libros que interrogo, más almas que se me abren, magnolias maltratadas, restallando en heridas de la metralla más certera, la ausencia de palabras.
Yo, porque también arribo a una edad que no conozco, me duelo con los niños que besarán la tierra boca arriba sin conocer el sabor del pan caliente, me estremezco con el trabajador que busca en el bolsillo una moneda que había antes, cuando sus manos entraban en cadenas que trocaban su hacer en alimento para pequeñas bocas a su cargo por padre y por obrero. También lloro unas lágrimas por aquellas mujeres que buscando el amor, hallaron lápidas. Son tantos los humanos que no vieron lucir 45 trasnochadas edades sobre sus corazones que pretendió la parca enamorada, que no puedo dejar de agradecer otra alborada. Estas viandas sobre la mesa puesta, el calor de los míos, la posibilidad de sostener con mi alma otras almas, como otras la mía apuntalan. Y tantas cosas que el mundo me ofrece y mi regala. Tu amor enfebrecido, los alegres amigos, compañeros de la orilla imperfecta e imprecisa, donde nada está dado. La posibilidad de la escritura, bisturí de los sueños, la libertad del poema, no hay alas como esas. Que la rueda de lo que he conquistado ruede imparable para que otros tengan su conquista…
Tantas cosas que el mundo me ofrece y me regala, que solo puedo decir una palabra, que fue inventada para signar el alba, que tiene cuerpo de hada y cabeza de buey a yunta atada, palabra generosa, trasmutada, palabra manoseada y siempre virgen para quien quiera usarla. Gracias. Gracias. Gracias.

La autora es: Alejandra Menassa de Lucia

 

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