¡El mejor diálogo sería, qué se vayan los dos!

Rolando Fernandez

Cualquier pensante medio, en su sano juicio, claro está, se preguntaría una y otra vez, por qué se tiene que llegar hasta provocar estados extremos de desasosiegos, e incertidumbre social, como los que hoy se están viviendo en Dominicana, producto de los acres enfrentamientos que se verifican entre los seudo caciques que se destacan a lo interno, y externo también del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Son esos jefes más bien de los danilistas y los leonelistas, que no están pensando en los riesgos probables que se podrían desprender de sus actitudes politiqueras propiamente. Ahora, ¡se creen líderes! El único que allí reunía tal condición, auténticamente hablando, y que fuera fundador de la entidad se marchó ya de este mundo. “Los líderes nacen, no se hacen”, según manifiestan los que mucho saben.

Evidentemente, solamente mueve a uno de aquellos, el querer quedarse en el poder, a través de una nueva modificación a la Constitución de la República; mientas que el otro, y su grupo, intentan impedirlo de manera aguerrida, como forma de maximizar sus posibilidades de retorno a la dirección de los destinos nacionales.

La lucha se torna más agria cada vez. Las avenencias entre ambos políticos, cabeceras de tendencias entre las huestes moradas se advierten más lejanas de momento, casi imposibles.

Por los derivados dañosos que se infieren, tanto a la estabilidad democrática en el país, como al sosiego generalizado social mismo, que se entienden innegables, y que se deriven por supuesto de esas deleznables tozudeces entre partidarios de igual organización política, enfrentados por las ambiciones desmedidas que les caracterizan, algunos sectores nacionales se han inclinado por propugnar un dialogo fraterno entre los dos magnates.

O, se han ofrecido para de mediar, en pos de subsanar esa confrontación depreciable; que, evidentemente, en nada favorece a la nación. Hasta la Iglesia Católica lo ha hecho, en voz del obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo, monseñor Jesús Castro Marte. (Listín Diario, del 13-7-19, página 7).

Ahora, por los ánimos de agresividad fehacientes, y los niveles de fuerza que viene exhibiendo el oficialismo, detrás de sus marcados propósitos reeleccionistas, no son pocos los que opinan contrario a cualquier dialogo entre ambos, por entender que resultaría infructuoso, dadas la razones que subyacen en esa lucha, de acuerdo con lo que se deja entrever: angurrias de dinero y poder solamente. Nada tienen en común que vaya a beneficiar al país.

Se han olvidado por completo aquellos de los grandes problemas acuciantes nacionales. Solamente sus propios intereses les mueven. Por consiguiente, es lógico que, para ganar uno, tendría que perder el otro. Luego, ¿cómo ponerse de acuerdo entonces?

Es por lo que la gente pensante aquí, en su gran mayoría, opina que, el mejor diálogo sería, qué se vayan los dos, para evitar mayores problemas entre nosotros; y, así dar paso a otros hombres probos y aptos, con los que aún puede contar la República, para tomar el timón de este barco a la deriva.

¡Solo los ilusos, como los arribistas, y busca lo de ellos, creen que eso último no es así!

¡Reflexionemos!

 

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