De la farándula local, y otros espacios, al Congreso Nacional

Por: Rolando Fernandez

“Bueno”, ¡qué candidatazos!” Se “salvará” el país, cuando faranduleros y faranduleras locales, de “poca monta”, como se dice en buen dominicano, que aspiran a ser senadores y diputados de la República, logren alcanzar las respectivas curules a nivel congresual nuestro. ¡Los que se ofertan dentro de esa clase, se consideran por sí mismos, muy aptos!, algo que, no cabe duda, está bastante lejos de la realidad.

Tales son los ejemplares, en su mayoría, que esta vez se promueven en ese sentido, y esperan que la población les favorezca con su voto en el próximo torneo electoral a celebrase en Dominicana, a los fines de destacarse luego, como flamantes legisladores del país.

Y, para completar la “orquesta”, acompañados estarán esos de otros “ejemplares” distintos, aunque por igual descalificados, en el sentido de ir a ocupar posiciones estatales nuestras tan importantes, como de las que se trata; hombres y mujeres, que bien se pueden catalogar de arribistas y aventureros ordinarios.

Amén de aquellos cuestionados, se tienen ahora, ciertos novicios carentes de la preparación y experiencias necesarias, desconocidos por la población, y cuyos únicos referentes son los lazos de consanguinidad con algunos políticos veteranos que militan dentro del ruedo, y los amarres ordinarios que se hacen cada vez en ese ámbito, buscándose padrinazgos, y protección futura.

Por tanto, tampoco son merecedores en realidad los que se adicionan, respecto de sufragio alguno en su favor, por parte de la ciudadanía. ¡Vaya usted a ver los personajes candidateados!

Son personas que, en un alto porcentaje, nada más han sabido ser busca vida dentro de los partidos políticos del patio, o representantes de grupos diversos que les sirven como “bisagras” a esas organizaciones, negocios más que otra cosa. ¡Pueblo, abre los ojos!, que ya está bueno, para que sigan jugando contigo

Qué se puede esperar del grueso de esa gente, en términos legislativos, como de representación a esta sociedad; personas que solamente conocen de cámaras de televisión, los primeros, y de otros medios, los segundos envueltos, en procura de proyectarse, ante un conglomerado incapaz de aquilatar cualidades y méritos acumulados; qué se compra con gran facilidad siempre.

Sí, aquellos que están ahora pretendiendo, ir a elaborar leyes y resolutar sobre disposiciones generales, a observar por toda una población, aunque esas carezcan de fundamentos reales, e interés social alguno. ¡La verdad es que se atreven!

Son ciudadanos, muchos de esos, que en verdad no se autovaloran, y que pretenden estar jugando con la inteligencia de los demás.  Que creen es lo mismo, el estar vociferando y saltando sobre una tarima, para agenciarse las simpatías de los públicos indoctos que les siguen, qué legislar para una nación.

Que, por igual, luego de procurarse la aceptación populista de la ciudadanía, a través de sus chácharas televisadas, cuando no radiadas, e   infundadas en adición, pueden ser senadores y diputados de la República.

O, que el estar hablando por algún tiempo, frente a grupúsculos de gente sin conciencia, que se dediquen a escuchar sus sandeces sobre tópicos diversos, les abre las puertas para ir a preparar proyectos de leyes, con sapiencia intelectual, como jurídica; y, luego disponerse a defender con gallardía en los hemiciclos congresuales correspondientes, la aprobación de las iniciativas propuestas.

Ahora, peores son aquellos que entusiasman y patrocinan las pretensiones electorales de ese tipo, buscando “títeres”, claro está; como, quienes les puedan dar respaldo, mediante sufragios en las urnas; apoyando a ineptos a todas luces, habiendo en este país tantos hombres y mujeres con perfiles decorosos y capacidad sobrada, qué bien pueden trabajar en favor de este pueblo olvidado; y a la vez,  devolver al Congreso nuestro, la honorabilidad que ha ido perdiendo con el tiempo, aunque como tal se le continúe denominando en todo momento, al hacer mención del mismo.

¡Pueblo dominicano, despierta!, que ya es hora; pues de continuar votándose de la misma manera cada vez, sin conciencia alguna, respecto, principalmente, de ese tan importante primer Poder del Estado nuestro, por sus atribuciones constitucionales, las cosas seguirán siempre aquí de mal en peor. ¡Qué nadie se extrañe después!

Se carecerá, por supuesto, de quienes representen realmente, y defiendan a esta sociedad. ¡Jamás faltarán en esta República, los lamentos post electorales de estilo!, producto de las inconformidades ciudadanas ordinarias, como las burlas oficiales que se reciben, “connivenciadas” de costumbre, con otros poderes locales gravitantes.

 

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